29 julio 2012

El gasto militar de España




Agencia EFE
1) Gasto militar anual por habitante en España: 368 euros.
Gasto farmacéutico anual por habitante en España: 259 euros.
2)  España arrastra una deuda acumulada de 27.000 millones de euros en los Programas Especiales de Armamentos (PEAS). Los PEAS son contratos de larga duración para la compra de armamento. Algunos ejemplos:
  • 87 cazas Eurofighter. Contrato firmado hasta 2024.
  • 239 blindados Leopard 2E. Contrato firmado hasta 2017.
  • 80 torpedos DM2A4. Contrato firmado hasta 2023.
Para que os hagáis una idea de lo que suponen 27.000 millones de euros: con ese dinero se puede pagar un telescopio Hubble (4.000 millones), una misión Curiosity a Marte (2.000 millones), el presupuesto anual de la NASA (13.000 millones) y todavía sobran 8.000 millones.
3) Los compromisos de pago para los Programas Especiales de Armamento durante 2012 ascienden a 1.862 millones de euros.
Pero, ¿sabéis cuánto se ha presupuestado? 5 millones de euros. Eso significa los 1.857 millones restantes se sumarán a nuestra deuda militar.
4) El recorte en el presupuesto del Ministerio de Defensa para 2012 ha sido del 9%.
Comparemos con los recortes en otras partidas: Ministerio de Educación y Cultura (21%), Ayudas a la Investigación (25%), Ayuda al Desarrollo (65%).
Las exportaciones de armas españolas ya se incrementaron de forma muy notable durante el Gobierno de Zapatero.
El nuevo titular de Defensa, Pedro Morenés, ha desarrollado su carrera profesional en la industria militar y su actividad como ministroestá enfocada a la venta de armas.
Hace unas semanas Morenés viajó a Alemania para negociar una venta de carros de combate al gobierno de Arabia Saudí.
Preguntado sobre la cuestión ética de la operación, nuestro ministro respondió:
“No voy a entrar a analizar el régimen político de Arabia Saudí. España apoya a sus empresas” [...] “Juzgar políticamente al régimen saudí es algo complicado, porque cada país tiene su manera de establecer el bienestar de su población”.
Aceptemos por un momento la argumentación del Ministro pero apliquémosla a nuestro país. “España tiene su manera de establecer el bienestar de su población”. Mi pregunta es: ¿queremos que nuestra prosperidad económica repose sobre la venta de armas a un país que todavía decapita a personas acusadas de brujería?
Nota: Si os interesa este asunto, os recomiendo el informe realizado por Pere Ortega que podéis leer aquí.

21 julio 2012

Los locos son los psiquiatras

John Read, psicólogo especialista en abusos sexuales y psicosis

"Si oyes voces y ves visiones..., ¡no estás mal de la cabeza!"

 A las conductas infrecuentes en el seno de una cultura las llamamos 'locura': 

son sólo un mensaje

 

 Las grandes farmacéuticas han intentado silenciar su voz

5/2012 

¿Locura... o sentido?

John Read superó el trauma psicológico de una familia disfuncional y un abuso sexual en la infancia. Sus vivencias y su curiosidad le llevaron a investigar la psique humana y a estudiar eso que llamamos locura. Read ha concluido que lo mejor es tratar amorosamente a pacientes a los que hemos etiquetado como psicóticos y esquizofrénicos.

Y lo argumenta en libros como Modelos de locura o El sentido de la locura (Herder). Read me pondera el trabajo en España del doctor Jorge Tizón y su equipo de atención precoz a pacientes en riesgo de psicosis (con el patronazgo de la Fundació Llegat Roca i Pi) y me anima a visitar InterVoiceOnline.org.

Este Read me ha parecido muy cuerdo.

Qué es la locura?
El término para definir comportamientos inusuales en el seno de una cultura.

¿La locura... es cultural?
¡Claro! Conozco a fondo la cultura maorí, y sé que en esa cultura no es síntoma de locura oír voces.

¿No?
Aprenden desde niños que eso encaja en la normalidad..., ¡y nadie se asusta! Nadie cree que uno esté loco sólo por oír voces...

Aquí sí, aquí te llevan al médico...
Allí entienden que es un ancestro que acude a ayudarte. Lo agradeces..., ¡y a otra cosa!

Pues si yo oigo voces, ¡sí me espantaré!
Porque te han enseñado que eso es estar mal de la cabeza, enfermo, y te internarán, tratarán...: vives con ese relato miedoso.

Oír voces, entonces, ¿no es patológico?
Para la especie humana, no es nada raro oír voces y ver visiones: ¡es parte de nuestra naturaleza! El 15% de la gente oye voces.

No sabía esto, explíquemelo...
Mire, el 80% de las personas mayores de 60 años que ha perdido a su pareja o a algún ser muy querido... ¡lo oirá o lo verá en algún momento durante el primer año de duelo!

¡¿Tantas personas?!
Pero preferimos no comentarlo con nadie...

¿Le ha pasado a usted?
Un buen amigo mío se mató en accidente de coche... Lo lamenté tanto... Al día siguiente se me apareció, vino a despedirse de mí...

¿Hay explicación científica?
Lo primero es aceptar el hecho sin problematizarlo, pues lo que ayuda no es saber cómo sucede, ¡sino dilucidar qué significa!

¿Y qué significa?
¡Es un mensaje a encajar en la biografía de quien lo vive! Pero el psiquiatra, en vez de escuchar al paciente..., ¡lo dopa! Debería ver cómo encaja el mensaje en su relato vital.

¿Lo llamamos locura... y es un mensaje?
Sí. El psiquiatra debe lograr, con humildad, sensibilidad y paciencia, que el paciente se convierta en autor del relato de su vida...

¿Y no lo hacen así los psiquiatras?
En España, los profesores universitarios de psiquiatría ¡cobran de la industria farmacéutica! En estas condiciones..., me daría vergüenza ser psiquiatra en España.

¿En el resto del mundo no es así?
También en Estados Unidos... Y me abochorna que dilapidemos fortunas buscando el gen de la locura, de la esquizofrenia: ¡no existe! No hay raíz biológica de la locura.

¿Dónde debemos buscar, pues?
En el propio relato del paciente, insisto. Darle drogas antipsicóticas... ¡sí es una locura!

¿Tan contraproducentes son?
Perjudican más que benefician, por lo que deberían prohibirse. ¡Acortan diez años la vida del paciente así medicado!

¿En qué casos sí benefician?
Sólo para tranquilizar al paciente durante una crisis: eso es sólo un tercio de los casos.

¿Aconsejaría a los pacientes abandonar ahora mismo los antipsicóticos?
¡Que nadie deje a solas la medicación! Es arriesgado. Dialogad con el psiquiatra y pedidle ayuda para contactar con grupos de terapias mentales sin fármacos, que los hay.

¿Cómo trata usted a sus pacientes?
Un caso: uno llevaba treinta años medicándose porque se sentía observado y espiado y quería convertirse en mujer. Me bastaron seis meses conversando con él para entrar en su lógica y ayudarle a mejorar.

¿Conclusión?
La buena calidad de la relación terapeuta-paciente es lo más curativo que hay. ¡No existe mejor medicina!

¿Algún consejo para el terapeuta?
Escucha al paciente con paciencia, sin hacerle sentir enfermo mental y sin juzgarle.

¿Alguna otra evidencia científica sobre lo que llamamos locura y su tratamiento?
En países africanos, es la propia locura la que cura: los chamanes provocan brotes psicóticos con drogas, con fines curativos...

¿Con qué resultados?
El dato científico es que dos tercios de los psicóticos se recuperan en África. Aquí sólo recuperamos a un tercio. ¡Aprendamos!

¿Qué le llevó a aprender psicología?
La necesidad de entenderme a mí mismo.

¿Qué le pasaba?
De los 11 a los 13 años fui víctima de abusos sexuales por parte del director de mi colegio. No entendía qué estaba pasando y me vengué del mundo suspendiéndolo todo...

¿Qué efectos tiene un abuso?
Si no se repara, es un trauma psíquico que puede derivar en psicosis y esquizofrenia.

¿Es muy frecuente el abuso sexual?
En Occidente, el 20% de las niñas y el 15% de los niños padecen abusos sexuales...

¿Con efectos iguales en niños y niñas?
La niña se aislará de otros niños. El niño abusará psicológicamente de otros niños.

¿Cómo debemos actuar ante un abuso?
Hay que alejar al abusador. Y preguntar al niño y escucharle. Y hacerle entender que él no ha actuado mal. Y ayudar a los progenitores inocentes. ¡Y dar mucho cariño y amor al niño! Si se hace así, se repondrá.

¿Puede pasarle algo peor a un niño?
También es muy traumático chillarle y reñirle y abroncarle continuamente..., y tanto peor cuanto más joven, porque se dañan más los reguladores neuronales del estrés.

¿Con qué consecuencias?
Tú dile al niño continuamente que es muy malo o un desastre... y será fiel a este relato, porque los niños creen íntimamente a sus padres. Y será malo y será un desastre. Y psicótico, depresivo... y eventual suicida.


John Read, una de las voces actuales más transgresoras en los temas de salud
mental, estará en Barcelona del 16 al 19 de mayo para dar entrevistas

Una historia sólo para empezar
Una joven madre pasa las noches en casa pensando en su problema. Sus dos hijos, dedos y cinco años, están durmiendo y su marido trabaja en el turno de  noche en una mina de carbón. Le preocupa el curso reciente de su vida y noche tras noche no es capaz de pensar en nada más. A medida que pasan las semanas, descubre que está discutiendo estos pensamientos con su propia cabeza que, como por milagro, aparece en la esquina del techo de su dormitorio.
Después de varios meses de discusiones, la madre y su cabeza sin cuerpo llegan a una solución: lo único que tiene que hacer es quitarse la vida.

Pero esta solución genera otro problema ¿qué pasará con los niños?
Dejarlos atrás sería cruel.
Tras hablar con su cabeza, encuentra la solución: primero matará a sus dos hijos y luego acabará con su propia vida.
Parece claro y sencillo pero la mujer siente que algo no encaja. Decide visitar a su médico de cabecera pero no quiere explicarle las discusiones que ha mantenido con su cabeza.

Le menciona otro problema que ha estado experimentando: está convencida
de que su forma de caminar es extraña y que al andar inclina su cuerpo hacia un  lado.

El médico le pide que camine por la consulta y no nota nada extraño.
Nota que la joven está alterada y le receta un fármaco que ella acaba no tomando.
Convencido de que tiene un problema de salud mental, le dice que la tendrá que enviar a un hospital mental para que la visiten.

Ella lo recibe como una amenaza velada, se asusta más y decide no decir nada acerca de sus problemas ni de sus conversaciones con la cabeza sin cuerpo.

Al final la joven no acaba con su vida ni la de sus hijos.

En cambio, decide abandonar a su marido. Al cabo de un tiempo de haberlo hecho, descubre que las discusiones con su cabeza han desaparecido y deja de tener la sensación de que se inclina hacia un lado al caminar.

Entender a los pacientes

Cualquier interpretación de la locura que pase por alto la experiencia subjetiva del individuo es incompleta. Para el psicólogo John Read, coautor de El sentido de la locura, es insensato pensar que sólo los “expertos” están capacitados para hacer observaciones sobre las experiencias de locura. Este enfoque ha llevado a la estigmatización de los enfermos, como en la historia planteada más arriba, en la que el médico nunca llega a saber que la mujer dialoga con una cabeza sin cuerpo.

Los pacientes son silenciados y se les excluye de las discusiones sobre la naturaleza de la experiencia.

Es como si las únicas personas capaces de explicar de verdad a qué sabe
el chocolate fueran las que nunca lo han probado. La experiencia subjetiva de la locura tiene una importancia crucial, a pesar de haber sido dejada siempre de lado.

John Read, una de las voces actuales más transgresoras en el campo de la salud
mental, propone un nuevo planteamiento: primar los procesos terapéuticos
psicológicos en el tratamiento de los pacientes con experiencias de locura por
delante de los farmacológicos.

Para el autor, resulta fundamental dar valor a la experiencia del paciente y la medicalización de la mente se sitúa a las antípodas de este reconocimiento.

Las grandes farmacéuticas han intentado silenciar su voz.

John Read es psicólogo clínico. Tras completar su formación y después de muchos años dedicándose a esa profesión y haciendo de gestor de servicios de salud mental en los Estados Unidos, el Reino Unido y Nueva Zelanda, aceptó un puesto en el Departamento de Psicología de la Universidad de Auckland, donde ejerce la docencia desde 1994. Es editor de la obra colectiva Modelos de locura, publicada por Herder.-
 medicalizar la mente: ¿sirven de algo los tratamientos psiquiatri cos?-richard p. bentall-9788425426995

 la invencion de las enfermedades mentales-jose maria alvarez-9788424935665

06 julio 2012

El COLOSAL FRAUDE de los MERCADOS FINANCIEROS

Este grupo de abogados (OPEURIBOR) nos explica lo ocurrido en Inglaterra con el Barclays bank .....BILLONES de euros ganados sin producir ni un tornillo.

Lo tenemos que pagar los ciudadanos del mundo.

Aqui una entrevista al abogado  Juan Moreno
en RNE:


UNA DE LAS ESTAFAS MAS GRANDES DE LA HISTORIA:

 En primer lugar, habría que recalcar que un banco en solitario (en este caso Barclays) no puede manipular un índice que se obtiene mediante el cruce de operaciones en un mercado con varios agentes, por lo que podemos concluir que, necesariamente, ha existido connivencia y complicidad por parte de otros


Si el objetivo de índices como el Euribor y el Libor es establecer un precio para el dinero, cuando se deposita o se presta, huelga decir que, desde el estallido de la crisis, ambos índices dejan de ser útiles, ya que los mercados interbancarios están “secos” y, de facto, el precio del dinero lo marcan las inyecciones del BCE, al 1%.

En el caso del Libor, las autoridades se están conformando con imponer multas ridiculas a los bancos implicados, sin embargo, y según la teoría general de los contratos, al alterarse maliciosamente por parte de uno de los contratantes un elemento fundamental del contrato, se debería entrar a juzgar su validez como tal. Al menos, es lógica la anulación del elemento manipulado, en este caso, los intereses.

En resumen, lo que estamos viendo es cómo brota un nuevo escándalo bancario de dimensiones descomunales.

Cómo llevan estafando impunemente a millones de personas y, más allá de alguna sanción económica, tanto bancos como sus gestores siguen siendo el centro de los mimos y cuidados de las autoridades políticas.

Parece ser que los gobiernos prefieren taparse los ojos o mirar para otro lado, por lo que son iniciativas ciudadanas como
#OpEuribor, 
tomatubanco.org o
#15mPaRato

las que persiguen el que se haga justicia y los delincuentes cumplan con sus responsabilidades penales.


 NOTICIAs ULTIMA HORA: 

 Barclays y otros grandes bancos –incluidos Citigroup, HSBC, J.P. Morgan Chase, Lloyds, Bank of America, UBS y Royal Bank of Scotlandmanipularon la principal tasa de interés del mundo (Libor) que prácticamente afecta todas las inversiones con intereses ajustables del mundo. DESDE 2005 AL MENOS.

Eso significa que manipularon una buena parte de la economía global.

En realidad se ha restado importancia al escándalo del Libor.
Específicamente, según el Libro Mundial de Hechos de la CIA, la economía global, tal como se mide en el producto interno bruto del mundo, es menos de 80 billones (millones de millones) de dólares.

En contraste, más de 800 billones de dólares en inversiones son afectados por la tasa Libor. 
En otras palabras, un mercado de más de 10 veces el tamaño de toda la economía global es afectado por Libor.

Como informa hoy el Wall Street Journal:
Más de 800 billones de dólares en valores y préstamos están vinculados al Libor, incluidos 350 billones en swaps y 10 billones en préstamos.
Hay que recordar que el mercado de derivados es de aproximadamente 1.200 billones de dólares. Los derivados con tasa de interés representan la mayor parte de todos los derivados, y podrían estallar y derribar todo el sistema financiero.
Los mayores vendedores de derivados con tasas de interés incluyen a Barclays, Deutsche Bank, Goldman y JP Morgan… muchos de los cuales están siendo expuestos por manipular el Libor.

Han estado manipulando el Libor virtualmente a diario desde 2005.

otra noticia:

Deustche Bank investigado en Alemania por la manipulación del Libor


Así manipulaban el Libor

El escándalo de Barclays obliga a Cameron a investigar a toda la banca


Bob Diamond asegura que sólo «este mes» tuvo conocimiento de la manipulación del Libor
El banco alemán se suma a Barclays entre los sospechosos de cometer fraude en la manipulación del Libor

 GOLDMAN SACHS y La OPERACION BANKIA
 
Leo que el banco de negocios estadounidense Goldman Sachs cobrará un euro por diseñar la venta de Bankia, y no salgo de mi estupor.

- ¿Este Goldman Sachs, al que se le encomienda la tarea de diseñar la privatización de Bankia, es el mismo banco que contribuyó al desencadenamiento de la crisis financiera mundial de 2008 al participar en el derrumbe de su rival Lehman Brothers, siendo Secretario del Tesoro norteamericano el antiguo presidente del directorio y presidente ejecutivo de dicha entidad, Henry Paulson, quién tras rescatar a otras entidades financieras, entre ellas el propio Goldman Sachs, se negó a hacer lo mismo con Lehman Brothers?

- ¿Es el mismo banco que entre 2001 y 2008 ayudó a los sucesivos gobiernos helenos a falsear las cuentas de la economía griega para engañar a la UE?

- ¿El mismo que, como quedó demostrado en 2011, engañó a sus propios clientes y al Congreso de los Estados Unidos sobre su actuación en la crisis de las hipotecas subprime?

- ¿El mismo que también en 2011 apostó 440 millones de euros contra España en su Informe de Exposición de las economías periféricas europeas?

Pues sí, es el mismo.

- ¿Qué más cabe decir de semejante joya financiera?

Dejemos opinar a Matt Taibi, en la revista norteamericana Rolling Stone:

"La primera cosa que hay que saber acerca de Goldman Sachs es que está en todas partes. El banco de inversión más poderoso del mundo es un vampiro chupador envuelto como un pulpo alrededor de la faz de la humanidad, succionando sin descanso con su hocico sangriento todo lo que huele a dinero".

Y la opinión, un tanto ingenua pero solvente, de Greg Smith, autor del libro "Por qué dejé Goldman Sachs": "Después de casi doce años en la empresa -primero como estudiante, luego en Nueva York durante diez años, y ahora en Londres-, creo que llevo tiempo suficiente trabajando aquí como para entender la evolución de su filosofía, su gente y su identidad. Y puedo afirmar honestamente que el entorno es hoy más tóxico y destructivo de lo que he visto jamás."

Pues bien este banco "que está en todas partes", incluida la UE donde antiguos ejecutivos o asesores suyos, como Mario Draghi, ocupan puestos de tanta relevancia como la presidencia del Banco Central Europeo, o han ocupado, mediante auténticos golpes de mercado al margen de la democracia, jefaturas de gobierno como Mario Monti en Italia, en fin, este "vampiro chupador" que succiona todo lo que huele a dinero cobrará, superando así a la más altruista de las organizaciones filantrópicas o a la más generosa de las ONGs, la cifra simbólica de un euro por diseñar la privatización de Bankia.

Conmovedor. ¿De cuánto candor nos creen capaces? ¿Hasta dónde piensan llegar insultando nuestra inteligencia? No, Goldman Sachs terminará sacando buena tajada de la venta de Bankia y el tiempo nos dará la razón.

Pero la Operación Bankia no tiene un único responsable. Colaborador necesario es el Gobierno de España y muy especialmente su ministro de Economía, el señor Guindos, cuyo departamento ha encomendado a Goldman Sachs el diseño de la privatización de Bankia.
Es curioso el caso del señor Guindos, (¿nuestro Mario Monti?), miembro del Consejo Asesor de Lehman Brothers a nivel europeo y Director en España y Portugal hasta su quiebra en 2008.

¿Cómo se entiende que entregue el diseño de la venta de Bankia precisamente a la gente que contribuyó al hundimiento de la entidad financiera a la que él representaba en Europa? ¿Es que carece de dignidad, se une al enemigo al que no pudo vencer o, sencillamente, espera para usar la acostumbrada puerta giratoria que le lleve desde su actual ocupación pública a la empresa privada?

La cuestión ahora es la siguiente, mientras este Gobierno sigue privatizando lo publico en beneficio de las élites de aquí y de fuera ¡Menudo patriotismo el suyo!, qué haremos nosotros, ¿de verdad vamos a permitir este nuevo desmán del neoliberalismo global?

Francisco Morote Costa



parte dos: 

entrevista al abogado Juan Moreno 
RNE: 

  

Cada vez más cerca del  Nüremberg Financiero…

01 julio 2012

El lenguaje como instrumento de dominación

johnpilger.com:

La otra noche vi 1984, de George Orwell, representada en los escenarios de Londres. Pese a que pide a gritos una interpretación contemporánea, las advertencias de Orwell sobre el futuro se presentaron como una obra perteneciente a un periodo remoto e inofensivo.

Cuando las sociedades avanzadas se despolitizan, los cambios se producen de forma tan sutil como espectacular. En el discurso del día a día, el lenguaje político está invertido, tal y como Orwell profetizó en 1984. «La democracia» es ahora un artefacto retórico. La paz es una «guerra perpetua». «Global» significa imperial. El concepto de «reforma», que una vez resultó esperanzador, hoy equivale a regresión e incluso destrucción. «Austeridad» es la imposición del capitalismo extremo a los pobres y la concesión del socialismo a los ricos: un sistema bajo el cual la mayoría está al servicio de las deudas de unos pocos.

En las artes, la hostilidad a la verdad política se ha convertido en un artículo de fe burguesa. Un titular del diario Observer prefigura «El periodo rojo de Picasso y por qué los políticos no hacen buen arte». Cabe mencionar que este titular se publicó en un periódico que saludaba el baño de sangre en Iraq a modo de cruzada liberal. La incesante oposición de Picasso al fascismo se contempla como una nota a pie de página, de igual forma que el radicalismo de Orwell ha desaparecido del premio que se apropió de su nombre.

Hace unos pocos años, Terry Eagleton, entonces profesor de literatura inglesa en la Universidad de Manchester, consideró que «por primera vez desde hace dos siglos no hay poeta, dramaturgo o novelista británico que esté preparado para cuestionar los fundamentos del estilo de vida occidental». Ya no se escriben discursos como los de Shelley a los pobres, sueños utópicos como los de Blake, condenas como las de Byron a la corrupción de la clase gobernante, ni hay un Tomas Carlyle o un John Ruskin que descubran los desastres morales del capitalismo. Ni William Morris, Oscar Wilde, HG Wells o George Bernard Shaw conocen equivalentes hoy. Harold Pinter fue el último en alzar su voz


El filósofo Antoni Doménech 
imparte la conferencia “El lenguaje como instrumento de dominación” en la Universidad de Verano de Socialismo 21

“Las clases dominantes han manipulado nuestro sentido común económico”


Políticos como Rajoy y Rubalcaba, economistas y periodistas, entre otros, repiten al referirse a la crisis de las deudas soberanas que el estado es similar a una familia y que, en consecuencia, ha de ajustar ingresos y gastos. El corolario de esta argumentación es que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y, por tanto, ahora debemos ajustarnos el cinturón”.
Sin embargo, a juicio del filósofo Antoni Doménech, “esta metáfora (la asimilación del estado a una familia) no hace sino poner de manifiesto cómo las clases dominantes están manipulando nuestro sentido común”.
El catedrático de Filosofía Antoni Doménech,. formado intelectualmente bajo la influencia del filósofo marxista Manuel Sacristán, Doménech es actualmente editor de la revista “Sin Permiso”. Entre sus principales obras destacan “De la ética a la política. De la razón erótica a la razón inerte” (1989) y “El eclipse de la fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista” (2004).

Aunque se hace pasar por evidente, por una cuestión de sentido común, la equiparación de un estado a una familia esconde una falacia, según Antoni Doménech. Es cierto que cuando una familia contrae una deuda, está forzada a su devolución y le condicionan los ingresos.

Pero el estado cuenta con muchos más recursos: 
el poder de recaudar impuestos, la capacidad de imprimir dinero fiduciario para pagar a los acreedores; además, si el estado decide reducir el gasto, esta decisión puede tener consecuencias en los ingresos (cosa que no ocurre con el ahorro familiar). Por último, si el estado conserva su soberanía monetaria es técnicamente imposible que se le obligue a quebrar, aunque puede hacerlo por una decisión política propia.

Precisamente en este punto –la pérdida de la soberanía monetaria por parte de los estados- es donde radica el problema, y no –como suele afirmarse en la citada metáfora de sentido común - en que el gasto público supere a los ingresos.

Por ejemplo,
el endeudamiento público de Estados Unidos es de más del 100% del PIB, 
el de Japón se sitúa en torno al 200%; 
el de Inglaterra, cerca del 100% y 
el de España en un 74%. 

Al no contar con soberanía monetaria, ni existir una autoridad fiscal común, los países de la Unión Europea –sobre todo los de la periferia, como España- se encuentran en manos de los mercados financieros.

Por eso el estado español paga un 7% de intereses en los bonos a 10 años, 
mientras que Estados Unidos y Japón abonan menos del 2%, e 
Inglaterra un 2,1%. 
Es decir, unas tasas de endeudamiento menor pueden implicar un pago de intereses superiores.
El catedrático de filosofía, cofundador y redactor de revistas como “Materiales” y “Mientras tanto”, pone asimismo el ejemplo de California, estado norteamericano que si se constituyera como entidad independiente, sería una de las diez grandes potencias del mundo. Sin embargo, las finanzas públicas de California se hallan técnicamente en quiebra.
No cuentan con soberanía monetaria –dependen del dólar- pero todas sus facturas e impagos los afronta finalmente Washington; ni siquiera California ha de emitir bonos de deuda específicos, ya que ésta se halla mutualizada por los Estados Unidos al 2% de interés”, subraya Antoni Doménech.
Es la diferencia entre un espacio monetario –Estados Unidos- con una autoridad fiscal única y, por tanto, capacidad de emitir deuda mutualizada, y la Unión Europea.

Lo que ha creado Europa, según Doménech, es “un verdadero monstruo”.
“De ahí que un pequeño problema (por su peso económico dentro de la UE) como el de Grecia, haya puesto en riesgo la economía europea e incluso el conjunto de la economía mundial; toda esta crisis institucional –que resquebraja los cimientos sobre los que se forjó la UE- tiene como trasfondo una gigantesca crisis del sistema capitalista; en este contexto, ahora mismo vemos como España es el foco de todas las tormentas especulativas”, agrega.

“ Europa vive un momento dramático y los remedios están resultando catastróficos”, a juicio de Antoni Doménech. Por ejemplo, “se ha creado un fondo de estabilidad financiero, teóricamente para adquirir deuda pública de los países en apuros, pero al mismo tiempo la legislación europea permite que actúen –de manera totalmente desregulada- los mercados de derivados financieros de impagos crediticios; en estos mercados opera la aristocracia financiera mundial; permiten apostar porque una situación vaya a peor, por ejemplo, la quiebra de Grecia; no hay más que repasar la trayectoria de Goldman Sachs para ver cómo una sociedad puede hacer fortuna apostando a pérdidas ”.

En la presente coyuntura, ¿abandonar el euro es la solución?
Antoni Doménech recuerda que se mostró contrario al ingreso del estado español en la moneda única y también al tratado de Maastricht, “pero romper con el euro en las circunstancias actuales será una catástrofe para todo el mundo, incluida Alemania, que podría perder, como mínimo, el 40% de su PIB”.
El euro corre peligro por la vertiginosa crecida de la prima de riesgo en los países de la periferia europea, pero esta amenaza genera también oportunidades para la izquierda. “Se abre una puerta, un amplio margen para un partido de izquierdas inteligente que sepa negociar y jugar sus bazas, como bien hizo Syriza”.

Otra cuestión que se plantea es la posibilidad de una quita de la deuda pública. “Si la situación empeora, cosa que ocurrirá, es éste uno de los escenarios previsibles”. A juicio de Doménech, “también en este punto la izquierda ha de hilar muy fino; no valen las respuestas meramente retóricas. A la hora de establecer una quita hemos de considerar que los Fondos de la Seguridad Social son tenedores de deuda pública española por valor de 60.000 millones de euros; habría que observar todos los matices y estudiar muy bien cómo se realiza la quita para que no se vean afectadas las pensiones”.

Así las cosas, el catedrático de Filosofía califica el momento económico actual de “muy crítico”. Tres circunstancias confluyen en el escenario global: una crisis europea –con España e Italia como eje de las turbulencias- a la que no se vislumbra salida; incluso un cambio en la posición de Merkel debería sortear el escollo añadido del Tribunal Constitucional alemán. En segundo lugar, la desaceleración económica en Estados Unidos, que podría conducir a una victoria de Romney en las elecciones de noviembre. Y, por último, la desaceleración de la economía china, con los efectos que ello pudiera tener en América Latina.

Además, “la financiación del consumo en Estados Unidos mediante deuda adquirida por China es un fenómeno que no volverá”.

En plena zozobra europea, ¿Cómo paliar en lo posible los efectos del cataclismo? Lo más urgente, según Antoni Doménech, es crear la unión bancaria europea y la garantía única de depósitos.


Se está produciendo una fuga masiva de capitales y depósitos de la periferia europea rumbo a Alemania; en el caso de España, a un ritmo que equivale al 50% del PIB anual, según reconoce la banca privada suiza en uno de sus informes; 
Si Grecia saliera del euro –y esta es la baza que supo jugar Syriza- se desencadenaría una fuga de depósitos a Alemania y, continuando con esta hipótesis, quebrarían la bancas española, italiana y también la alemana, que es acreedora de las demás”.

Si las cosas así ocurrieran, el Bundesbank no tendría dinero para rescatar a los bancos alemanes pues está atado a una deuda de un billón de euros con el Banco Central Europeo. El BCE pediría esta cantidad a Alemania para rescatar a los bancos de la periferia europea y, en ese punto, el país germano incumpliría el Target 2 (sistema de compensación de pagos entre los bancos centrales de la eurozona), lo que supondría la ruptura de la Unión Europea. En tal coyuntura, Alemania vería cómo mengua una parte notable de su PIB, al tiempo que confiscaría los depósitos bancarios de italianos, españoles y franceses que hubieran buscado refugio en aquel país.

Esta catarata de desastres “Alemania no se la puede permitir, pero puede que todo esto ocurra porque las elites políticas y económicas no entienden nada, como tampoco entendían lo que pasaba en los años 30; contra lo que dice el tópico, si Roosevelt adoptó medidas intervencionistas es porque le empujó el movimiento obrero norteamericano; Resulta una tragedia el funcionamiento de las elites en el capitalismo, son incapaces de adoptar ninguna medida eficaz”, explica el autor de “El eclipse de la fraternidad.

Una revisión republicana de la tradición socialista”.¿Qué alternativa podría plantear la izquierda? Según Doménech, “resulta indispensable hablar de crecimiento ”; sin esta idea, a juicio del docente, es muy difícil acumular energía transformadora. “Para impulsar reformas es necesario el crecimiento, como advirtió Keynes a Roosevelt en su día”. Ahora bien, “este crecimiento no ha de ser forzosamente destructivo, ya que puede venir de las inversiones públicas en tecnologías sostenibles o energías verdes; pero hace falta crecer para conseguir el pleno empleo y un empoderamiento mayor de la clase trabajadora; sólo así nos podremos plantear metas mayores”, concluye

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 lenguaje "politicamente correcto"

Negro, gordo, moro: 

las palabras prohibidas de la nueva censura

Vivimos en un mundo atenazado por el miedo a la ofensa de un chiste, una palabra o una idea, que antes pasaban por banales. El resultado es un nuevo y resbaladizo mecanismo de censura: la fiebre de la corrección política.

Puede que usted encuentre motivos para ofenderse en este ensayo, pero debo advertirle: ése no es mi problema, sino el suyo. La ofensa es un proceso interno controlado por la presión social, pero usted decide lo que va a permitir que le amargue el día y lo que no.

Al menos, así de fácil había sido siempre hasta que internet nos dio la posibilidad de escuchar todos los puntos de vista a todas horas. Pero este bombardeo de opiniones, en apariencia saludable y enriquecedor, le resulta intolerable a millones de ciudadanos. Si las instituciones han reaccionado como siempre, con mecanismos de silencio como la Ley Mordaza, entre la masa social brota una censura nueva y resbaladiza, tan difícil de estudiar como de combatir. Quienes llaman a este proceso dictadura de lo políticamente correcto exageran; quienes ignoran la decadencia de la libertad de expresión están ciegos.
La cafetera se calienta desde por la mañana, mientras Twitter nos pone al corriente de la polémica del día, con la que miles de españoles harán como que se enfurecen un rato. La furia ciudadana puede desatarse por cualquier motivo, por banal que parezca. Y los medios, necesitados de clics, se dedican a propagar lo que de otra forma quedaría en griterío de red social.
En España, durante este año, TVE se vio obligada a pedir disculpas tras la emisión de un gag del humorista José Mota «en el que se frivolizaba sobre un enfermo terminal»; Blanca Suárez fue criticada por feministas porque su «excesivo escotazo contribuye al machismo»; el Ayuntamiento de Gijón suspendió un concierto de Francisco «por sus insultos» a la política Mónica Oltra; 50.000 personas exigieron el despido de un maestro «que se mofó de la muerte del torero Víctor Barrio». Y paro, porque si volcase la lista completa no quedarían páginas en la revista.
El resultado siempre será el mismo: gente compartiendo su indignación. Mucha indignación. Cada vez más indignación. El Nobel J. M. Coetzee explicó que la ofensa es el germen de todas las censuras. Si la susceptibilidad se multiplica, y las formas de expresarla tienden a infinito, las presiones también. Por una parte crece el miedo a molestar y por otra el deseo de silenciamiento. El dibujante Máximo dijo que la censura no es más que la herramienta de las sociedades censoras. ¿Es ése el tipo de sociedad al que nos encaminamos?
Lenguaje. Si el humor es un campo de batalla, las palabras son obuses. En los últimos años, colectivos de lo más variopinto han confeccionado listas de términos ofensivos para que el resto de los hablantes dejen de emplearlos. Como si el celofán léxico hiciera desaparecer las injusticias y discriminaciones. La tuitera @LarisaOtero recoge por vicio muchas de estas manifestaciones curiosas. Por ejemplo, esta queja de un vegano: «Cada vez que escucho una canción y hablan de la policía, sueltan 'perros' como insulto y joden la canción. Dejad de usar eso, es especismo».
Dado que es demasiado difícil luchar contra cualquier clase de opresión, los defensores del lenguaje políticamente correcto dedican sus esfuerzos al estilo literario. Proponen sustituciones abigarradas para las palabras más comunes. En general, donde bastaría un sustantivo, introducen explicaciones concienzudas que dejan muy claro que el hablante es un manantial de respeto y tolerancia. Por ejemplo, «puto negro» vendría a expresarse como «persona de color y origen afroamericano en situación de explotación sexual».

Los defensores del lenguaje inclusivo llaman a este proceso normalización, pero ¿qué clase de normalidad consiste en sustituir palabras por definiciones? En este sentido, el escritor y académico Javier Marías es tajante: «Decir de alguien que es negro equivale para mí a decir que es rubio, pelirrojo o con pecas. No voy a utilizar en mi vida eufemismos absurdos como 'subsahariano' o 'afroamericano'. Los verdaderos racistas son quienes emplean estos términos. Son ellos los que ven algo malo o negativo en emplear 'negro'. Yo no».
No basta que un discurso sea respetuoso o razonable: la aparición de un término prohibido puede retratar al orador como un indeseable. La parte positiva de este modo de detección de agresores, como un GPS de la oratoria, es que evita al receptor del mensaje el esfuerzo de pensar.
Por supuesto, nadie debería permitir que un desaprensivo le insulte por su condición de mujer homosexual y africana. El problema es que la alergia a las expresiones está convirtiendo en insultos palabras que no lo eran, y dado que estas polémicas se filtran a los medios de comunicación, la neolengua políticamente correcta acaba abriéndose paso en las leyes.
Censura institucional. La censura institucional, dice Coetzee, es una señal de debilidad del Estado. España no es todavía Estados Unidos pero va por el mismo camino. La censura aparece en los lugares más insospechados, por ejemplo en la Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación de la Comunidad de Madrid, (2/2016). Esta norma establece protecciones para los transexuales, desde la escuela al hospital pasando por la oficina, y representa un avance social innegable y positivo. El conflicto llega en el Título X.

Es infracción administrativa leve «utilizar o emitir expresiones vejatorias contra las personas o sus familias por su identidad y/o expresión de género en cualquier medio de comunicación, en discursos o intervenciones públicas o en las redes sociales». Negarse a retirar las ofensas convierte la falta en grave, y también la reincidencia. Se establecen multas entre 200 y 20.000 euros. Pero la ley no establece qué «expresiones» se considerarán vejatorias. Queda, pues, en manos del ofendido poner una denuncia. A partir de ahí, todo depende del juez.
Paralelamente, los políticos trabajan el asunto de la lengua inofensiva y a veces intentan domar con consejos las lenguas viperinas de los periodistas. En esta línea, el Ayuntamiento de Madrid publicó una guía en la que recomendaba a los medios un nuevo vocabulario para referirse a la prostitución. Entre otras muchas consideraciones, proponían tachar la palabra cliente cuando nos referimos a un putero y ofrecían a cambio, ojo al dato, demandantes de prostitución. Parece que a los políticos les gustaría mucho que el periódico suene como el BOE.
Dice Marías que «cuantas más palabras se consideran intolerables, vejatorias y demás, más vocablos quedan anatemizados y a veces prohibidos. En Estados Unidos ha habido gente despedida de su trabajo por utilizar tal o cual, como antiguamente lo podía perder alguien si decía 'follar' en público».
Posiblemente se refiera al cómico Lenny Bruce, que se suicidó con heroína en 1966 después de que el Estado lo condenase por decir la palabra fuck en sus monólogos. Según la definición estricta de «censura», podríamos decir que nadie censuró a Lenny Bruce. Los clubes dejaron de contratarlo por miedo a que dijera fuck, las revistas dejaron de hablar de él, y aunque sólo tuvo que pagar una multa, el precio por decir la palabra follar fue su fulminación.
Los buenos. Hoy, una condena como la de Lenny Bruce nos parece patética y anacrónica. En nuestra sociedad del siglo XXI, desarrollada, respetuosa con las minorías y progresista, ya no está mal visto poner cachondo al personal. Otra cosa muy distinta es que un hombre heterosexual reaccione cuando algo le excita sexualmente.

La banda Novedades Carminha estrenó en septiembre un videoclip donde podíamos ver el pene del actor Sylvan Gavroche introduciéndose en las dulces cavidades de Amarna Miller, suponemos que con el consentimiento explícito de la chica y de gozo mutuo, como mandan los cánones del porno feminista. Todo iba bien, todo era felicidad e internautas agitando la sardina al ritmo de la música hasta que Andrea Levy dijo en Twitter que le molaba la canción.

Cuando Gavroche leyó que una diputada del PP alababa su arte, le respondió jocosamente con un tuit seguido de emoticonos: «¿Repetimos vídeo pero con Andrea?». De inmediato saltaron unas mujeres que acusaron al actor porno de acosador. Gavroche no tardó ni un segundo en disculparse. «Fue una cagada machista», dijo a los medios de comunicación, pero yo pensé que la cagada machista era en todo caso su disculpa.

Gavroche actuaba según los códigos del esencialismo ideológico, que es una de las bases de la nueva censura. Daba por hecho que Andrea Levy es una muchachita indefensa e incapaz de soltarle una fresca a quien ella considere que se ha pasado de baboso. ¿Necesitaba Levy que vinieran a defenderla? ¿Era pertinente la disculpa pública del actor por soltar una zalamería como esa? Si yo hubiera planteado estas preguntas en Twitter, habría encendido la mecha del debate. Como no me apetecía, le pregunté directamente a Andrea Levy.

«Creo que Gavroche hizo un tuit de buen rollo, sin pensar seguramente que otros puedan juzgarlo por su profesión», dice.
«La verdad es que no vi ni machismo, ni lascividad. Y créeme que de este tipo recibo habitualmente. No le di importancia porque creo que todo iba en buen tono y no entendí ni mucho menos que fuera un ofrecimiento real».
Pero el caso es que Gavroche quedó muy bien congraciándose con la supuesta víctima de sus abusos. Este un ejemplo perfecto para ilustrar cómo funcionan los guardianes de la moral, que siempre están dando la murga con lo que se puede decir y lo que no: toman cualquier episodio intrascendente por la nueva batalla de su ideología e irrumpen en la fiesta como las beatas de la liga contra el alcohol. El censor siempre ha creído actuar por el bien de la comunidad.
Sociedad censora. Al concejal de Ahora Madrid Guillermo Zapata también lo persiguieron por unos chistes sobre Irene Villa pese a que la propia Villa aseguró que no estaba ofendida y que le hacía gracia el humor negro. Naturalmente, las palabras de la víctima de ETA no sirvieron de nada. Según el escritor y periodista Edu Galán, de la revista Mongolia, los moralistas actúan movidos por un mecanismo psicológico bastante básico: «Quien se ofende se coloca mentalmente por encima del ofensor. La frase 'yo jamás me reiría de esto que tú te ríes' no te está diciendo que eres un desalmado, sino que esa persona está muy contenta porque se siente superior a ti».

Los guardianes de la moral han sido siempre promotores de la censura. Ellos contribuyen a que vivamos en «una sociedad censora», como decía Máximo. En otros tiempos, la guadaña pertenecía al clero. Sin embargo, el desarrollo de la sociedad capitalista nos ha dado muchas más opciones donde volcar el fanatismo.

Este verano, asistimos a la persecución pública de la escritora Maria Frisa por su obra 75 consejos para sobrevivir en el colegio. Una horda de acusadores, en su mayoría sin haber leído el libro, exigieron a la editorial Alfaguara, por medio de una petición pública en change.org, que retirara el texto por «machismo» y «apología del acoso escolar». Frisa ponía en boca de un personaje de ficción, estudiante de 12 años, frases como: «¿Acaso es culpa mía que ella sea fea y no tenga novio?». Desoyendo los mensajes de numerosos intelectuales que recomendaban a la horda que se parase un momento a leer el libro completo, se reunieron nada menos que 33.000 firmas para prohibirlo.

La pesadilla de Frisa encontró espacio en todos los medios, buena parte de los cuales se limitó a reproducir los argumentos de los linchadores sin aportar el punto de vista contrario. Lejos de combatir las polémicas absurdas de internet, los periodistas las elevamos a categoría de noticia con titulares como éste, publicado en El Plural: «Rafael Hernando ofende a Andalucía». Y todo, por una frase en la que el bocachancla oficial del PP pedía sacar a la comunidad autónoma «del pelotón de los torpes». Cabría preguntarse si Andalucía es una persona que siente y padece, y qué lugar ocupa entonces cualquier andaluz que se niegue a molestarse por lo que diga un tipo como Rafael Hernando.

Humor. El humor es un decantado de la inteligencia, así que, en un mundo inundado por la idiotez, siempre acaba en el centro de la polémica. La matanza de Charlie Hebdo fue la primera consecuencia grave de hacer humor irreverente en un mundo globalizado. Veinte años atrás, unas caricaturas de Mahoma publicadas en una revista francesa se habrían quedado en Francia. Hoy, a miles de kilómetros de París, desataron las protestas violentas que culminaron con el atentado.
Las buenas costumbres recomiendan no hacer chistes de sidosos si la familia de Freddy Mercury está presente, pero internet ha convertido el planeta entero en la casa del ahorcado. Cualquier mindundi puede meterse en un lío de dimensiones geológicas por hacer un chiste bestia en una red social.

Hay quien asegura que, en una situación semejante, la solución es que seamos todos muy respetuosos. Me pregunto si mientras los islamistas acribillaban a Cabu, Charb, Elsa Cayat, Oncle Bernard, George Wolinski y Tignous, los dibujantes de Charlie Hebdo estarían pensando: «Seamos razonables: puesto que hicimos un chiste contra sus creencias, estos buenos musulmanes tienen todo su derecho a fusilarnos».
El comentario del Papa Francisco, dos días después del atentado, fue por ahí: si ofendes a mi madre, te partiré la cara. Manuela Carmena vino a sugerir lo mismo de otra manera: si nos respetáramos todos un poquito más luego no pasarían estas cosas. Pero a veces es tan difícil respetar a los fanáticos... Se negó a hacerlo el jordano Nahed Hattar y mientras escribo esto lo han asesinado a las puertas del tribunal de Amman, que iba a juzgarlo por una caricatura ofensiva para el Islam.
En España, el artista Eugenio Merino se salvó por los pelos de la quema. Después de sus problemas judiciales con la Fundación Francisco Franco por meter una imagen del dictador en una máquina de refrescos, tuvo que correr delante de las religiones monoteístas por una escultura que expresaba, más o menos, que ninguna de las tres le merece mucho respeto.
Dice Merino que «los creyentes siempre lo piden para sí mismos pero son incapaces de respetarme a mí, que no creo en nada. Siempre tenemos que aguantar sus procesiones y sus monsergas, y hasta aguantamos que se metan en la política por mucho que nos mosquee. Y nos aguantamos, vaya. Pero sigue pareciendo más ofensivo el chiste, la novela o la obra de arte».
El tuitero y escritor @Hematocrítico expone el dilema con elocuencia: «Hay gente que te dice que el humor no puede ofender a nadie. Eso es algo completamente imposible. A mí me pueden ofender los chistes de gordos o de calvos o de gallegos. A ti los de murcianos y modernos. ¿Y qué? Para mí, el verdadero límite del humor es la palabra humor. Tiene que hacer gracia».
Existe, sin embargo, un tipo de humor absolutamente respetuoso: llamémoslo humor democrático. Para que un chiste sea democrático debe evitar palabras injuriosas y temas conflictivos, como la muerte (mi abuelo está muerto y eso me ofende), las enfermedades (mi abuelo se murió por culpa de una), a las mujeres (mi abuelo tenía una), las profesiones (mi abuelo trabajaba), las localizaciones concretas (mi abuelo era de un pueblo) y los animales (mi abuelo ladraba).
El psicólogo Richard Wiseman encontró esta broma blanca y democrática con un experimento. Recogió 40.000 chistes en una web y pidió a los internautas que puntuasen sus favoritos. Puesto que unas personas puntuaban muy alto bromas que otros castigaban por ofensivas, el chiste ganador, el supuesto chiste más divertido del planeta, elegido democráticamente por cientos de miles de personas, resultó ser un juego de palabras desnatado, inocente y soso enviado por un psiquiatra de Manchester.
«Dos cazadores se encuentran en el bosque cuando uno de ellos se desploma. Parece que no respira y tiene los ojos vidriosos. El otro coge su teléfono móvil y llama al servicio de emergencia. '¡Mi amigo está muerto! ¿Qué puedo hacer?', pregunta, histérico. La operadora contesta: 'Cálmese, yo le ayudo. Lo primero es asegurarse de que su colega está realmente muerto'. Sigue un silencio y después se oye un tiro. De nuevo al teléfono, el cazador dice: 'Vale, ¿y ahora qué hago?'».
No existen estadísticas sobre los traumas incurables que ha podido provocar un chiste políticamente incorrecto o directamente abominable. Sin embargo, parece razonable decir que ni el chiste más bestia del mundo podría matar a una mosca... siempre que la mosca no trabaje en Charlie Hebdo.
Pero cada vez son más los contextos en los que la ofensa se identifica con el bien y la provocación con el mal. Ésta es la clave de la nueva ola de censura. Ni siquiera en un país pequeño como España, donde somos todos más o menos igual de gilipollas, hay consenso entre lo que es aceptable y lo que es intolerable, entre lo doloroso y lo inofensivo. Mientras el poder se blinda con técnicas propias de los tiempos del No-Do, las hordas censoras digitales sólo necesitan mover los dedos en la pantalla del iPad.

 Juan Soto Ivars         
09/10/2016